PARTE 2: EL NOMBRE BAJO LA MANTA

Levanté la cabeza.

La puerta del conductor estaba abierta.

Frank había desaparecido.

Entonces mi teléfono vibró.

Número desconocido.

Contesté.

—¿Sí?

Una voz masculina habló.

—Si estás leyendo la nota, todavía estás vivo.

—¿Quién eres?

—Eso importa menos que quién lleva once años sentado a tu mesa.

Miré a Mia.

Ella estaba llorando en silencio.

—¿Por qué utilizaste a dos niños?

Hubo una pausa.

—Yo no los puse allí, Nicolás.

Se me heló la sangre.

—Entonces ¿quién?

Mia tiró suavemente de mi manga.

—Señor…

Señaló el otro lado de la calle.

Frank estaba allí.

Pero no estaba huyendo.

Estaba apuntándonos con una pistola.

Y antes de que pudiera moverme, Mia susurró:

—Ese no es el hombre que dejó la cartera.

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