PARTE 2 — EL SECRETO DE LA CORONA

La miré.

—Porque nunca me preguntaste qué hacía realmente en la Marina.

Su rostro enrojeció.

—Emily, eso no es justo.

Recordé aquella llamada de tres semanas atrás.

Eres una vergüenza.

Respiré profundamente.

—Tienes razón. No es justo.

Rachel pareció aliviada.

Hasta que añadí:

—Tampoco fue justo excluirme de tu boda por considerar que mi vida no era suficientemente elegante.

El rey volvió lentamente la cabeza hacia ella.

—¿Excluirla?

Rachel palideció.

Alexander frunció el ceño.

—Rachel, me dijiste que tu hermana no podía asistir por compromisos profesionales.

Ella abrió la boca.

No salió ninguna palabra.

Mi madre comenzó a llorar silenciosamente.

—¿Es cierto? —preguntó Alexander.

Rachel apretó el ramo contra su pecho.

—Pensé que Emily se sentiría incómoda entre tantas personas importantes.

Sentí una tristeza profunda.

—No, Rachel. Pensaste que yo te haría quedar mal.

El silencio se volvió insoportable.

El rey levantó una mano.

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