—Hay una última cosa que necesitas saber.
—¿Qué?
Laabogada señaló la
firma
de la carta.
ELENA MARKOVIĆ.
Y debajo, una dirección.
No correspondía a un cementerio.
Ni a un archivo.
Era la dirección de una residencia privada en las afueras de Zagreb.
Ivana la miró fijamente.
—Ana… si esta carta es auténtica, Elena Marković podría seguir viva.
Ana se llevó ambas manos al rostro.
La mujer que había esperado durante décadas a su hija desaparecida…
La mujer que había escondido aquel tesoro…
Podría estar esperando ahora a su nieta