PARTE 2: El secreto oculto en una almohada vieja. Por un momento, permanecí inmóvil, contemplando la costura rasgada de la almohada. Mis dedos rozaron algo que, sin duda, no era ni una pluma ni un trozo de tela. Con cuidado, aparté el relleno

 

Una mano que, poco apoco, se fue relajando en…

Pero no quería que la historia de Fiona terminara en nuestra cuenta bancaria.

 

Recordé a todas las mujeres que había conocido en los pasillos de los hospitales.

 

Hijas que cuidaban de sus padres enfermos.

 

Esposas que permanecían al lado de sus maridos.

 

Nueras que habían dejado sus trabajos para ayudar a sus familiares mayores.

 

Había visto sus rostros cansados.

 

Las había escuchado decir:

 

«Solo un día más».

 

«Solo una noche más».

 

«Tengo que encontrar la manera de seguir adelante».

 

Conocía muy bien esas palabras.

 

Por eso, utilicé una parte del dinero para crear un programa local de apoyo a los cuidadores familiares.

 

Lo llamamos «La Casa de Fiona».

 

No era un gran hospital ni un centro de lujo.

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