PARTE 2: El secreto oculto en una almohada vieja. Por un momento, permanecí inmóvil, contemplando la costura rasgada de la almohada. Mis dedos rozaron algo que, sin duda, no era ni una pluma ni un trozo de tela. Con cuidado, aparté el relleno

 

Lo llamamos «La Casa de Fiona».

 

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