PARTE 2 / FUI AL BASURERO A BUSCAR COMIDA PARA MIS HIJOS, PERO AL REGRESAR HABÍA TRES AUTOS DE LUJO FRENTE A NUESTRA CHOZA… Y DEL PRIMERO BAJÓ EL ESPOSO QUE YO CREÍA MUERTO…

Me entregaron un certificado de defunción, una compensación de cincuenta mil pesos que desapareció en menos de un mes cubriendo deudas y gastos funerarios, y las condolencias vacías de personas que nunca habían conocido a mi esposo pero que sentían la obligación social de decirme que todo estaría bien.

Nada estuvo bien.

Me quedé completamente sola, con el corazón destrozado en pedazos tan pequeños que dudaba que pudiera volver a juntarlos, y con dos hijos pequeños que dependían completamente de mí para sobrevivir: Leo Gabriel Santos, de cuatro años, y Luna María Santos, de tres.No tenía estudios formales más allá de la escuela secundaria que había abandonado a los diecisiete años cuando quedé embarazada de Leo. No tenía trabajo porque había pasado los últimos cinco años siendo ama de casa y madre mientras Gabriel traía el único ingreso a nuestra familia. No tenía familiares que pudieran ayudarnos porque mis padres habían muerto en un accidente de autobús cuando yo tenía quince años y Gabriel había crecido en un orfanato sin conocer nunca a su familia biológica.

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