Durante los primeros meses después de su muerte, sobreviví gracias a la caridad temporal de vecinos que nos daban comida sobrante y a los pequeños trabajos ocasionales que conseguía lavando ropa, limpiando casas o vendiendo caramelos en las esquinas de calles transitadas mientras mis hijos esperaban en casa bajo el cuidado de una anciana vecina que cobraba cincuenta pesos por día, dinero que raramente tenía pero que ella aceptaba con paciencia porque entendía que yo no tenía otras opciones.
PARTE 2 / FUI AL BASURERO A BUSCAR COMIDA PARA MIS HIJOS, PERO AL REGRESAR HABÍA TRES AUTOS DE LUJO FRENTE A NUESTRA CHOZA… Y DEL PRIMERO BAJÓ EL ESPOSO QUE YO CREÍA MUERTO…