—¿Asegurarlo para quién? —preguntó mi padre.
Sergio no respondió.
La profesional continuó explicando que mis padres podían negarse a firmar, pedir tiempo para estudiar cualquier propuesta y buscar asesoramiento independiente antes de tomar una decisión.
No tenían obligación de regalar su vivienda a ninguno de sus hijos.
Tampoco tenían que justificar su decisión por su edad.
Cuando terminó, Laura guardó silencio y les preguntó directamente:
—¿Qué quieren hacer ustedes?
Joaquín miró a Pilar.
Ella le apretó la mano.
Después mi padre habló:
—No queremos poner nuestra casa a nombre de Sergio. Queremos seguir siendo los propietarios mientras así lo decidamos.
Pilar asintió.
—Y queremos saber qué ha pasado con el dinero que Álvaro nos enviaba.
Sergio se levantó de golpe.
—¡Después de todo lo que he hecho por vosotros!
Mi padre también se levantó.
—No has hecho nada que te dé derecho a quitarnos lo que es nuestro.