Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente

No todas las operaciones eran fáciles de interpretar. Había compras de supermercado, facturas de suministros, pagos en efectivo y transferencias que requerían más información.

Pero apareció un patrón preocupante: una parte considerable del dinero se había destinado a gastos relacionados con Sergio y su hogar, sin que mis padres hubieran comprendido plenamente cuánto dinero se utilizaba ni para qué.

También había operaciones que no se podían justificar con la información inicial.

No era posible concluir que cada euro faltante hubiera sido robado, pero sí había suficientes discrepancias para exigir explicaciones y valorar los pasos legales correspondientes.

Mis padres decidieron cambiar sus claves bancarias, revisar las autorizaciones existentes y recibir asesoramiento directo del banco.

Laura les explicó cómo revocar los permisos que ya no quisieran mantener y cómo conservar los registros para cualquier reclamación futura.

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