Sergio no aceptó la decisión con facilidad.
Durante unos días dejó de hablarles.
Después empezó a hacer las maletas.
Antes de marcharse, se acercó a Joaquín.
—¿De verdad vas a dejar que Álvaro decida todo ahora?
Mi padre negó con la cabeza.
—No. Vamos a decidir nosotros.
Sergio apretó los labios.
—Soy tu hijo.
—Lo eres —respondió Joaquín—. Y te quiero. Pero quererte no significa darte permiso para hacer lo que quieras con nuestras vidas.
Sergio se marchó sin despedirse de mí.
No intenté detenerlo.
Había pasado demasiado tiempo confundiendo ayudar a alguien con impedirle afrontar las consecuencias de sus decisiones.
Esta vez no cometería el mismo error.
Parte 10. El dinero que faltaba
La revisión de los movimientos bancarios llevó varias semanas.
Con la autorización de mis padres y la documentación disponible, Laura ayudó a ordenar los pagos, identificar las transferencias y comparar los gastos declarados con el dinero que yo había enviado.