Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente

—¿Así que me vas a dejar solo?

Lo observé en silencio.

Recordé todas las veces que había deseado tener un hermano que me defendiera. Recordé también los años en los que Sergio me había tratado como un invitado en una casa que sus padres habían abierto para mí.

—No te estoy dejando solo, Sergio. Te estoy diciendo que puedo ayudarte a buscar una solución responsable. Pero no voy a encubrirte ni a entregar el patrimonio de papá y mamá para que no tengas que afrontar tus decisiones.

Por primera vez, no discutió.

Guardó los documentos en su carpeta y se quedó mirando el café.

—No sé cómo he llegado hasta aquí.

—Quizá deberías empezar por dejar de buscar a quién culpar.

No supe si mis palabras le sirvieron.

Pero aquella vez no intenté convencerlo de nada más.

Parte 11. La disculpa de mi padre

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