Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente

Un domingo, varios meses después, encontré a Joaquín sentado en el patio.

La puerta de la bodega estaba reparada. Las macetas tenían tierra nueva y Pilar había colocado una pequeña mesa junto a los geranios.

Me senté a su lado.

—¿En qué piensas, papá?

Él tardó en responder.

—En que debí haber detenido a Sergio antes.

—No podías saber hasta dónde llegaría.

—Pero sí veía que tu madre estaba cansada. Veía que trabajaba demasiado. Y muchas veces preferí no discutir con él.

Miró sus manos, marcadas por décadas de trabajo.

—Quizá pensé que, si guardábamos silencio, todo volvería a ser como antes.

Le apoyé una mano en el hombro.

—Yo también cometí errores. Me fui a Madrid y pensé que, mientras enviara dinero y llamara por teléfono, todo estaba bien.

—Tú tenías tu vida que construir.

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