Marcos se pasó las manos por la cara, soltando un suspiro largo y roto. Luego, caminó hacia el armario principal de nuestra habitación, metió una llave pequeña en el cerrojo del fondo y abrió las puertas dobles.
Lo que vi adentro me dejó completamente paralizada.
Detrás de mi ropa colgada había un espacio transformado por completo: paneles de aislamiento acústico en las paredes, un micrófono profesional, una cámara sobre un trípode y estantes llenos de juguetes terapéuticos, cuentos infantiles y maquetas coloridas.
—Mariana no es mi amante, Elena… —dijo Marcos con la voz quebrada, mostrándome la pantalla de su teléfono.
En la pantalla había una cuenta de YouTube y TikTok con más de dos millones de seguidores llamada “El Rincón de los Sueños”. En los videos aparecía Mariana, vestida como cuentacuentos, dentro de nuestro cuarto, actuando con títeres y leyendo historias para niños con necesidades especiales.