PARTE 2: LA CONFRONTACIÓN EN EL SUPERMERCADO

—¿Mariana? —tartamudeó—. ¿Qué… qué te dijo?

—Lo suficiente para saber que ha estado viniendo a esta casa a mis espaldas —dije, sintiendo cómo las lágrimas de impotencia por fin empezaban a caer por mis mejillas—. Leo la reconoció. Dijo que juega en nuestra habitación cuando estoy trabajando. ¡Dímelo a la cara, Marcos! ¿Cuánto tiempo llevas metiendo a otra mujer en nuestra cama?

Marcos se puso de pie de golpe, abriendo los ojos de par en par con una mezcla de horror y desesperación.

—¡No! ¡No, por Dios, Elena, no es lo que estás pensando! ¡Jamás te engañaría! —gritó, corriendo hacia mí con las manos levantadas.

—¡No te me acerques! —le advertí, dando un paso atrás—. ¡Ella se puso nerviosa en el súper! ¡Me dijo que hablara contigo! ¿Si no es un engaño, qué demonios hacía una mujer desconocida en nuestra habitación?

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