No era cierto.
Los 9,8 millones estaban en una cuenta exclusivamente mía.
Entonces apareció otro documento.
Una
supuesta declaración firmada por mí donde reconocía que 4,5 millones eran una “donación anticipada” a Daniela.
La firma se parecía a la mía.
Pero yo jamás había visto aquella hoja.
Contraté a una abogada, Lucía Mendoza.
Su primera recomendación fue sencilla:
—No confronte a nadie más. Primero averigüemos qué otros documentos existen.
La respuesta llegó una semana después.