Michael llegó con exactamente nueve minutos de retraso.
Abrí la puerta principal con las manos en jarras.
Tenía cara de culpable. «Puedo explicarlo».
«Te has detenido a ayudar a alguien».
«Se había escapado el perro de los Cooper».
Me quedé mirándolo fijamente. «¿Has perseguido a un golden retriever en esmoquin?»
«Durante casi quince minutos».
Negué con la cabeza. «No sé si besarte o gritarte».