Robert finalmente sonrió un poco.
Pero entonces Frank volvió a ponerse serio.
“Todavía tenemos que bajar hasta la entrada del viejo túnel. Hay un documento que solo Robert puede verificar.”
Dije inmediatamente:
“Yo también voy.”
Robert se volvió hacia mí.
“Es peligroso.”
“Me ocultaste esta historia durante 51 años. Ahora no vas a ir solo.”
Por primera vez aquella noche, se rió.
Muy suavemente, pero de verdad.
Fuimos con un pequeño grupo.
La entrada del túnel no estaba lejos.
No nos permitieron entrar porque la zona todavía era peligrosa.
Pero los equipos de rescate ya habían sacado una caja metálica llena de documentos antiguos.
Robert vio uno de ellos y reconoció de inmediato su propia firma.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
“Creí que esto había sido destruido hace años.”
Frank puso una mano sobre su hombro.
“No lo destruyeron. Y ahora por fin podemos demostrar que usted tenía razón.”