Los médicos explicaron que la joven estaba en estado crítico, pero seguía con vida.
Entonces decidieron convertir una posible muerte en una muerte oficial.
Aprovecharon que Julián estaba recién operado en España y que ningún otro familiar cercano cuestionaría a Patricia.
Le dijeron que Camila había fallecido.
Con ayuda de documentos falsificados organizaron un funeral cerrado.
El ataúd que todos vieron estaba vacío.
Las fotografías se enviaron a Julián.
Después llevaron a Camila a una clínica con otro nombre.
Al principio, esperaban que muriera naturalmente.
Cuando sobrevivió, pagaron a Santillán para mantener su verdadera identidad oculta y manipular parte de su tratamiento.
Cada mes, irónicamente, el dinero utilizado para esconderla salía de las mismas empresas con las que robaban a Julián.
Patricia no había sido una esposa engañada.
Sabía todo.