Siete meses en el ático… y el teléfono que nunca encontraron.

A veces le aterrorizaba porque le recordaba que no era la única persona atrapada en la habitación.

Antes de vivir en el ático, Elena había trabajado como auxiliar de enfermería.

Su trabajo le había enseñado a fijarse en lo que otros pasaban por alto: un paciente que respiraba más rápido de lo normal, una mano que de repente se sentía fría, una voz que se volvía demasiado baja.

Sabía cómo plasmar el dolor por escrito sin hacer que la persona sintiera que el dolor era lo único que era.

Ese entrenamiento

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