La dejamos sobre una repisa de mi sala, junto a una foto de Phoebe cuando era joven.
Margot acomodó ambos marcos hasta que quedaron uno al lado del otro.
Después retrocedió para mirarlos.
En una imagen estaba la mamá que ya no podía acompañarla.
En la otra estaban dos de las personas que sí podían hacerlo.
Margot tomó mi mano y luego la de su papá.
Esta vez no preguntó si pertenecía ahí.