Tengo 69 años y cada mes ayudaba económicamente a mi hija porque decía que con dos niños no llegaban a fin de mes. Nunca le pregunté en qué gastaba el dinero. Un domingo me invitó a comer y escuché por casualidad cómo le decía a una amiga que estaban ahorrando para pasar dos semanas en el Caribe. No dije nada durante la comida. Pero cuando se levantó para traer el postre me preguntó: «Papá, ¿

Hace aproximadamente dos años me contó que estaban pasando una época complicada. Habían subido la hipoteca, los niños tenían muchos gastos y entre actividades, comida y recibos llegaban muy justos a final de mes.

Le ofrecí ayudar.

Al principio eran cantidades pequeñas cuando surgía algo. Después acordamos que le transferiría una cantidad cada mes.

Nunca le pedí explicaciones.

Si podía ayudar a que mis nietos estuvieran bien, me parecía dinero bien empleado.

Yo tampoco necesitaba grandes cosas. Conduzco un coche de trece años, desayuno casi todos los días en casa y mis vacaciones suelen ser unos días en Benidorm con un antiguo compañero de trabajo.

Elena a veces me decía:

-Papá, cuando estemos mejor te lo devolveremos.

Siempre respondía que no hacía falta.

Un domingo nos invitó a comer.

Habían preparado paella y estaban también unos amigos suyos.

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