Puede que tenga parte de razón.
Yo también cometí un error: ayudar sin preguntar nada y asumir que eso siempre sería entendido como un esfuerzo, cuando para los demás acabó convirtiéndose en una cantidad que simplemente aparecía cada mes.
A los 69 años descubrí algo que debería haber aprendido mucho antes.
Ayudar a los hijos es maravilloso cuando nace del cariño.
Pero cuando tu ayuda empieza a formar parte de su presupuesto, existe el riesgo de que deje de sentirse como ayuda y empiece a parecerles un ingreso más.
¿Habríais seguido haciendo aquella transferencia porque se trataba de vuestra hija y vuestros nietos, o también habríais dejado de pagar al descubrir que mientras vosotros ayudabais ellos estaban ahorrando para unas vacaciones?
Si esta historia os ha emocionado, compartidla con vuestros seres querido