Yo tenía mi pensión, mis libros y una pequeña casa que había terminado de pagar después de años de trabajo.
Pero Daniel sabía hacerme sentir especial.
Recordaba que me gustaban las gardenias blancas.
Conocía la receta de arroz con leche que hacía mi madre.
Hasta sabía qué novela había leído 5 veces cuando tenía 17 años.
Cuando le preguntaba cómo recordaba tantos detalles, sonreía.
“Porque te escucho.”
Quise creerle.
Tres meses después de nuestra boda, insistió en llevarme a una clínica privada.
“Solo quiero saber que estás bien.”
“Mi médico ya me hizo estudios.”
“Esta clínica tiene tecnología mucho más avanzada.”
Acepté.
El doctor Adrián Cortés nos recibió personalmente. Me hicieron análisis, pruebas neurológicas y estudios que nunca había visto.
Antes de salir me entregaron una carpeta llena de documentos.