“¿Es peligroso?”
“No puedo determinarlo sin una evaluación completa. Pero nunca debió administrarse sin información clara y consentimiento.”
Pensé en mis olvidos.
En mi cansancio.
En Daniel sosteniendo la taza frente a mí.
“Termínatela antes de que se enfríe.”
Samuel revisó los documentos de la clínica privada.
Allí estaba mi firma.
Yo la reconocía.
Pero sobre ella había páginas que describían riesgos, objetivos y procedimientos que jamás recordaba haber leído.
“Daniel me dijo que eran formularios normales.”
El doctor no respondió.
Abrió un cajón y sacó un sobre color crema.
“Esto llegó ayer. Me indicaron que se lo entregara si sus resultados confirmaban una relación con ese programa.”
Mi nombre estaba escrito a mano.
Dentro había una fotografía vieja.
Una habitación de hospital.
Una mujer de cabello plateado acostada en una cama estrecha.
Se parecía tanto a mí que sentí que estaba mirando una versión envejecida de una hermana que nunca tuve.