Termínatela antes de que se enfríe”, insistía mi esposo de 31 años cada noche mientras preparaba mi leche. A mis 64, empecé a olvidar cosas y una noche lo vi vertiendo gotas de una botella oscura. Guardé una muestra en secreto… pero el sobre crema que me entregó el médico reveló que nuestro matrimonio había comenzado mucho antes de conocernos.

A su lado había un joven.

Me acerqué.

Era Daniel.

O alguien idéntico a él.

Miré la fecha.

La fotografía había sido tomada 27 años antes.

Daniel tenía 31.

Le di la vuelta.

Había una frase escrita con tinta negra:

MARGARITA NO ES LA PRIMERA. PREGÚNTALE A DANIEL QUÉ PASÓ CON LAS OTRAS 3.

El corazón me golpeaba tan fuerte que apenas escuché el teléfono del doctor.

Samuel miró la pantalla.

Su expresión cambió.

“Es su esposo.”

“¿Cómo sabe que estoy aquí?”

“No lo sé.”

El teléfono dejó de sonar.

Entonces alguien golpeó la puerta.

“Margarita.”

La voz de Daniel.

Apreté la fotografía contra mi pecho.

“Sé que estás ahí.”

Samuel me preguntó si quería llamar a seguridad.

Negué.

Quería respuestas.

Daniel entró y se detuvo al verme con la fotografía.

Su rostro perdió todo color.

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