Según Bruno, Diego había perdido mucha sangre y había preguntado por ella antes de entrar a cirugía.
Valeria ni siquiera pensó en lo extraño que sonaba todo.
Tomó un taxi, cruzó media ciudad y llegó a la clínica privada en Santa Fe con la única preocupación de hacer lo que fuera necesario para que Diego sobreviviera.
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Cuando le dijeron que necesitaban sangre, firmó los documentos sin leerlos con detenimiento.
Cuando una enfermera le colocó la aguja en el brazo, apretó los dientes y pensó en los tres años que llevaba junto a él.
Pensó que ese era el momento en que una pareja demostraba cuánto estaba dispuesta a hacer por la otra persona.
También recordó el mensaje que Diego le había enviado poco antes.
«Si de verdad me amas, no vas a preguntar cuánta sangre necesitan. Solo hazlo por mí».