Ya no era un recuerdo de pareja.
Era una pieza de una historia que ella todavía tenía que reconstruir.
Y mientras cerraba la maleta, Valeria entendió que el número noventa y nueve quizá no era el final que Diego y sus amigos habían planeado.
Podía ser el punto en que el juego dejara de tener una sola víctima.
Porque para llegar a ese número, ellos habían tenido que repetir la misma mentira una y otra vez.