Si descubría movimientos de dinero, mi reacción justificaba haberlos ocultado.
—¿Daniela sabía de ese dinero? —pregunté.
Diego levantó la cabeza de golpe.
Ahí estaba la respuesta antes de que hablara.
—¿Hablaste con ella?
—Sí.
—No tenías derecho.
—Ella me escribió.
Se quedó inmóvil unos segundos.
La solicitud de divorcio.
Su mandíbula se apretó.
—Eso no significa que el proceso estuviera terminado.
—Nunca dije que estuviera terminado. Dije que lo preparaste hace tres meses sin decírmelo.
—Iba a hablar contigo.
—¿Cuándo?
No respondió.
—¿Antes o después de mover los 190,000?
—Mariana…
—¿Antes o después de decirle a tus padres que yo estaba deprimida?
—Basta.
—¿Antes o después de prometerle a Daniela una vida contigo?
Golpeó la mesa con la palma, no con fuerza suficiente para moverla, pero sí para intentar cortar la conversación.
Renata hizo un pequeño ruido desde la sala.