—No entiendo qué tiene que ver eso con lo de ayer.
—Yo tampoco. Por eso estoy intentando entenderlo.
Sofía no insistió. Martina tampoco ofreció una explicación. Se limitó a preparar el desayuno y a hablar de asuntos cotidianos, como si la conversación no hubiera ocurrido. Sin embargo, Sofía notó que su cuñada evitaba mirarla directamente.
Poco después, Nicolás entró en la cocina. Se sentó junto a Martina y pidió algo de comer. Sofía lo observó con cuidado, sin acercarse demasiado. Quería comprender si el rechazo que había escuchado el día anterior respondía al miedo de un niño que había provocado un accidente o a una relación familiar que nunca había sido lo que ella creía.
—Buenos días, Nico —dijo.El pequeño no respondió.
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Álvaro apareció unos minutos después y ocupó su lugar habitual en la mesa.