—Hoy no vas a hacer nada. Necesitas recuperarte.
—Puedo decidir si quiero descansar.
Su marido levantó la vista. La frase parecía sencilla, pero ninguno de los dos estaba acostumbrado a escucharla de aquella manera.
—Solo intento cuidarte.
—Entonces deja que me encargue de algunas cosas.
Álvaro sostuvo su mirada durante unos segundos y finalmente asintió. No volvió a hablar del tema, aunque Sofía percibió que su tranquilidad tenía algo de forzada.
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A media mañana, cuando la casa quedó más silenciosa, regresó al dormitorio. Sacó la bolsa con los cabellos y comprobó que seguía intacta. Había enviado la solicitud al laboratorio, pero necesitaba saber si el procedimiento era viable y cuánto tardaría en recibir una respuesta.
Volvió al ordenador y revisó la información que había encontrado. No quería depender de Álvaro para realizar una gestión que podía hacer por sí misma. Leyó las condiciones, guardó los datos de contacto y confirmó que la muestra tendría que cumplir los requisitos del laboratorio.