Solo garantiza que existe.
Pasaron varias semanas antes de que Valeria volviera a usar una blusa de manga corta en casa.
La primera vez que lo hizo no comenté nada.
Sofía sí.
—Mamá, esa es bonita.
Valeria sonrió y siguió preparando la comida.
Parecía una escena pequeña.
Para mí no lo era.
Nuestra relación tampoco regresó mágicamente a donde estaba antes.
Yo había pensado que reconocer mi error sería el final de esa parte.
En realidad fue el principio.
Había días en que Valeria confiaba en mí.
Otros en que una llamada de Teresa bastaba para ponerla tensa.
Una noche me dijo algo que no olvidé.
—No necesito que me prometas que nunca vas a equivocarte otra vez. Necesito saber que cuando te diga que algo está mal, no vas a esperar a verlo con tus propios ojos para creerme.