Entonces escuchó pasos.
Álvaro entró, tomó su mano y sonrió.
—Mañana viene un notario. Necesito que firmes unos papeles para asegurar el futuro de Hugo.
Clara fingió tranquilidad.
—Claro.
Él le besó la frente.
No sabía que, por primera vez, Clara había podido ver perfectamente la sonrisa del hombre que llevaba años mintiéndole.
PARTE 3
A las 09:00 del día siguiente, Álvaro bajó al comedor con un traje azul oscuro, un reloj de lujo y unos zapatos que Clara nunca habría asociado con el supuesto empleado de seguridad que decía trabajar turnos interminables para pagar sus tratamientos.
Durante años ella había conocido su ropa únicamente por el tacto.
Álvaro le entregaba camisas viejas para doblar, chaquetas sencillas y pantalones de trabajo. Cuando regresaba tarde, se quejaba del tráfico, de las horas conduciendo y de lo caro que resultaba mantener la casa.
Ahora Clara veía algo muy distinto.
Irene apareció con una bandeja.
—El notario llegará a las 12:00.
Álvaro miró a Clara.
—Hoy resolvemos todo.
—¿Lo de Hugo?
—Lo de nuestra familia.
Irene y Álvaro cruzaron una mirada rápida.
Clara la vio.
Y entendió que probablemente había ocurrido miles de veces delante de sus ojos sin que ella pudiera percibirla.
Después del desayuno salió al jardín fingiendo orientarse con el bastón. Minutos más tarde regresó silenciosamente y escuchó voces en la cocina.
La puerta estaba entreabierta.
Álvaro sujetaba a Irene por la cintura.
Ella se apartó.
—Aquí no.
—Clara está fuera.
—Últimamente pregunta demasiado.
—Después de hoy ya dará igual.
—¿Estás seguro?
—Cuando firme, lo importante estará protegido.
Irene bajó la voz.
—¿Y ella?
Álvaro respondió:
—Ya veremos.
Después la besó.
Clara retrocedió sin hacer ruido.
Curiosamente, aquella imagen no fue lo que más le dolió.
La traición sentimental parecía pequeña comparada con otra verdad: su verdadero bebé había desaparecido de su historia y, en su lugar, alguien había colocado a Hugo en sus brazos mientras ella estaba desorientada y dependía completamente de Álvaro.
Regresó al jardín.
A las 12:10 llegaron el notario y una empleada de su despacho.
Álvaro preparó café y pidió a Clara que se sentara.
—Aquí tienes los documentos.
Ella pasó los dedos por las hojas.
—Léemelos.
La respiración de Álvaro cambió.
—Son muy técnicos.
—Entonces habrá que leerlos.