Un mensajero llegó con una carpeta de una notaría, pero mi suegra se la arrebató y dijo: “Es publicidad”. Esa noche, mientras todos dormían, vi los documentos debajo de una puerta cerrada y entendí por qué mi esposo llevaba semanas insistiendo en que firmara “por su negocio”.

—La gente entiende lo que quiere.

—Yo lo escuché clarito —intervino doña Rosario—. Y no fui la única.

Natalia deslizó el dedo por la pantalla.

Apareció la fotografía del documento.

—Esto llegó ayer de una notaría.

Diego se levantó.

—¿De dónde sacaste eso?

Su pregunta fue suficiente.

Karla abrió los ojos.

—Entonces es verdadero.

—Es un borrador —dijo Diego rápidamente—. No significa nada.

—Exacto —respondió Natalia—. Todavía no significa n

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