Un mensajero llegó con una carpeta de una notaría, pero mi suegra se la arrebató y dijo: “Es publicidad”. Esa noche, mientras todos dormían, vi los documentos debajo de una puerta cerrada y entendí por qué mi esposo llevaba semanas insistiendo en que firmara “por su negocio”.

—No es ningún drama. Tú querías hablar de tu negocio. Hablemos.

Karla miró alternativamente a su hermano y a su cuñada.

—¿Qué está pasando?

Natalia giró el teléfono hacia Diego.

—Explícales qué necesito firmar para que consigas ese supuesto crédito.

—Un poder, ya te dije.

—¿Para qué exactamente?

—Para trámites.

—¿Cuáles?

Diego apretó la mandíbula.

Leticia intervino.

—Esto es un asunto de pareja. No sé para qué trajiste espectadores.

Natalia la miró.

—Usted fue quien durante semanas convirtió un asunto de pareja en asunto de todo el edificio.

Doña Rosario arqueó las cejas.

Leticia se puso blanca.

—¿De qué hablas?

—De que anda diciendo que Diego compró este departamento. De que yo me aproveché de él. De que pronto todo quedará arreglado “por la ley” y yo tendré que hacerme a un lado.

Karla frunció el ceño.

—Mamá, ¿dijiste eso?

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