Horas después recibió una llamada de doña Rosario, una vecina que había conocido a su abuela.
—Natalia, tu suegra anda diciendo que el departamento lo compró Diego y que tú quieres quitárselo. También dijo algo de que pronto todo quedará “arreglado legalmente” y entonces tú tendrás que hacerte a un lado.
Natalia sintió un escalofrío.
Esa tarde regresó antes de lo habitual.
Al llegar a su puerta escuchó a Diego y a Leticia hablando adentro.
Sacó el teléfono.
Activó la grabadora.
Y acercó el aparato a la puerta.
—Primero que firme el poder —decía Leticia—. Tú dile que es para tramitar el crédito del negocio.
—¿Y si empieza a leer?
—No le des tiempo. Le metes los papeles entre los demás. Después formalizamos lo de la mitad del departamento y ya no podrá tratarte como si fueras un arrimado.