Y en la siguiente subasta de la comarca ocurrió algo que todavía nos hacía reír cuando Fermín lo contaba.
Eusebio sacó una caja vieja, cerrada con flejes, cuyo contenido no figuraba en el catálogo.
Ramiro levantó la mano antes que nadie.
Pagó cuatrocientos euros.
Dentro había grapas para cercas.
Cuando me enteré, mamá me miró por encima de su taza.
—Ni una palabra, Marcos.
Me mordí el labio para contener la sonris