A sus 46 años, Alejandro dirigía Montenegro Logística, una de las empresas de transporte y almacenamiento más influyentes de Jalisco.
Sus competidores le temían, sus empleados evitaban contradecirlo y algunos empresarios habían aprendido que rechazar sus contratos podía traer consecuencias desagradables.
Pero aquella niña no parecía conocer su reputación.
—Me llamo Sofía Beltrán —explicó—.
No tiene que hacer nada difícil.
Solamente sentarse en una silla y aplaudir cuando me llamen.
Alejandro miró hacia el auditorio.
—¿Dónde están tus papás?
La pequeña apretó el programa contra su pecho.
—Mi mamá murió el invierno pasado.
Mi papá murió antes de que yo naciera.
Alejandro guardó silencio.
—Mi abuelita tenía una cita con el cardiólogo y mi tía tuvo que acompañarla.
Todos mis compañeros van a tener a alguien.
Yo le dije a una niña que mi papá vendría.