Una niña esperó sola bajo la nieve para pedirle a un desconocido que salvara su futuro

Diego miró a Camila.

La pequeña jugueteaba con un hilo suelto de su pantalón.

—No quiero que pierda todo al mismo tiempo —dijo Mariana—. A su mamá, su casa, su escuela, sus cosas… todo.

Diego juntó las manos.

—Entiendo, pero todavía no sé por qué me buscaste a mí.

Mariana levantó los ojos.

—Porque trabajé con usted durante dos años.

—Eso fue hace mucho.

—Para mí no.

Su respuesta fue inmediata.

—Yo veía cómo trataba a la gente cuando nadie importante estaba mirando. Vi cómo escuchaba a los empleados cuando tenían un problema. Vi que podía ser exigente, pero nunca disfrutaba humillando a nadie.

Diego se removió incómodo.

—Mariana…

—Déjeme terminar, por favor.

Él guardó silencio.

Mariana respiró profundamente.

—También sé que perdió a su esposa.

Diego bajó la mirada.

Elena había muerto cinco años antes en un accidente.

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