Una niña esperó sola bajo la nieve para pedirle a un desconocido que salvara su futuro

Hizo una pausa.

—Puede ser menos.

Diego sintió que la habitación se volvía demasiado pequeña.

Mariana tenía apenas treinta y un años.

Camila tenía cinco.

—Lo siento muchísimo.

Mariana negó suavemente con la cabeza.

—No tengo miedo de lo que me pase a mí.

Miró a su hija.

—Tengo miedo de lo que pase con ella.

Camila apoyó la cabeza contra el hombro de su madre.

—Mis padres murieron hace años —continuó Mariana—. No tengo hermanos. El padre de Camila nunca ha formado parte de nuestra vida.

Diego comenzó a entender hacia dónde iba la conversación.

Y aquella posibilidad lo asustó.

—He intentado encontrar una solución —dijo Mariana—. Personas conocidas, antiguas amistades… pero nadie puede hacerse responsable de una niña.

Respiró con dificultad.

—Cuando yo falte, las autoridades de protección infantil tendrán que decidir qué ocurre con ella.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *