Aquello dejó a Diego todavía más confundido.
—¿Cómo sabe tu mamá a qué hora salgo?
—Porque trabajaba con usted.
Diego la miró fijamente.
Su empresa tenía cientos de empleados. Había conocido a muchísimas personas durante aquellos años.
—¿Cómo te llamas?
—Camila Reyes.
El apellido produjo una pequeña sacudida en su memoria.
—¿Y tu mamá?
—Mariana Reyes.
Entonces Diego recordó.
Mariana había sido su asistente ejecutiva tres años atrás.
Era una mujer joven, organizada y muy reservada. Siempre llegaba antes que todos, mantenía cada reunión perfectamente ordenada y rara vez hablaba de su vida privada.
Un día le había comunicado que dejaría el trabajo.
Había mencionado problemas familiares y la necesidad de concentrarse en asuntos personales.
Diego lamentó perderla, pero respetó su decisión.
Nunca imaginó que volvería a saber de ella de aquella manera.