Durante unos segundos se quedó mirando aquel objeto sin saber qué hacer.
Después abrió el pestillo.
La caja guardaba monedas antiguas, algunas oscurecidas por el paso del tiempo y otras con un brillo que reconoció de inmediato: eran de oro.
También encontró joyas antiguas, un medallón y varios papeles amarillentos.
Pero lo que más llamó su atención fue una carta doblada con cuidado.
En el exterior solo tenía unas palabras:
“Para quien encuentre esto.”
Esperanza tomó la hoja con las manos temblorosas y comenzó a leer.
En ese momento comprendió que aquel hallazgo no era solamente una caja escondida para proteger objetos valiosos. Alguien había dejado ese mensaje pensando en la persona que algún día descubriría el secreto detrás del cuadro.
Volvió la mirada hacia la firma del cuadro.
J. Carrasco, 1932.
Ese nombre era la única pista que tenía.