Entonces llegó la frase que hizo que algo dentro de mí se helara.
“Mamá me dijo que no te lo contara.”
Me llamo Andriy Kovalenko.
Hasta aquella noche, siempre había creído que mi hogar era el lugar más seguro del mundo.
Mi trabajo me obligaba a viajar con frecuencia, a veces durante varios días seguidos, pero sin importar lo lejos que fuera, siempre regresaba con mi familia.
Y cada vez que me iba, confiaba completamente en mi esposa, Marina.
Creía que Sofia estaba a salvo con ella.
Me imaginaba a mi hija despertándose por la mañana, desayunando, yendo a la escuela, regresando a casa, haciendo sus deberes, riendo, jugando y quedándose dormida sabiendo que era querida.
Nunca imaginé que detrás de la puerta principal del hogar en el que confiaba estuviera ocurriendo algo completamente distinto.
Aquella noche, el apartamento se sentía extraño.