Dos horas después, mientras su hijo dormía por fin en una cama caliente, Verónica recibió 17 llamadas de Mauricio.
No respondió ninguna.
La número 18 fue de Daniela.
Verónica estuvo a punto de rechazarla.
Contestó.
“¿Qué quieres?”
Daniela lloraba.
“Necesito verte.”
“No tenemos nada que hablar.”
“Sí tenemos.”
Hubo un silencio.
“Vero… Mauricio no solo te estaba engañando conmigo.”
Verónica cerró los ojos.
“¿Qué más hizo?”
Daniela respiró temblorosamente.
“Lleva semanas diciéndome que pronto Mateo va a vivir con él.”
Verónica abrió los ojos.
“¿Qué estás diciendo?”
“Me dijo que iba a pedir la custodia.”
El corazón de Verónica comenzó a golpearle el pecho.
Daniela añadió:
“Y dijo que ya tenía cómo demostrar que tú eras una madre ausente.”
Fue entonces cuando Verónica comprendió que la infidelidad quizá era la parte menos peligrosa de todo aquello.