Durante las semanas siguientes, la fiscalía y la Comisión Nacional Bancaria revisaron los movimientos. El peritaje confirmó que Javier había falsificado las cartas, la firma de doña Teresa y varios recibos. También descubrieron que había alterado la dirección de correspondencia de la cuenta para que todos los avisos llegaran a una oficina rentada por su empresa fantasma.
Karla entregó una computadora, contratos del departamento de Querétaro y comprobantes de inversiones. Parte del dinero había sido gastado, pero otra parte seguía en fondos y cuentas que pudieron congelarse.
Diego declaró todo lo que sabía. Admitió que su silencio había permitido que el engaño continuara. No intentó presentarse como héroe. Cada domingo comenzó a visitar a sus padres, reparar la casa y acompañarlos a sus citas médicas.
Gabriel, por su parte, pagó de inmediato los tratamientos pendientes, pero se negó a cubrir la deuda fraudulenta como si fuera válida. Con ayuda de Lucía consiguió suspender la ejecución y demostrar que la garantía se había constituido con documentos falsos.