Pero hubo algo peor.
Lucía encontró que 18 meses atrás Javier había usado el mismo poder para tramitar un crédito con garantía sobre la casa de sus padres. La deuda estaba vencida. Si no se pagaba, podían perder la propiedad en pocas semanas.
—No solo les robó el dinero —dijo Lucía—. También puso en riesgo el único patrimonio que les queda.
Gabriel regresó a Puebla con las copias del expediente. Javier ya lo esperaba en la sala, acompañado por su esposa, Karla, y por un hombre de traje que dijo representar a la financiera.
—Vengo a hacer una propuesta —dijo Javier—. Si Gabriel paga la deuda, todo queda en familia.
Don Ernesto se llevó una mano al pecho.
—¿Qué deuda?
El representante colocó sobre la mesa una carpeta con el aviso de ejecución.
Doña Teresa abrió la última página y vio su firma.