Volví rico después de casi 10 años y descubrí que mis padres apagaban la calefacción para “ayudarme” a pagar deudas inexistentes. “Él nos entregaba tus cartas”, dijo mi madre señalando a mi hermano. Yo no respondí; abrí el sobre bancario y dejé que todos vieran su autorización para retirar mi dinero. Pero el último documento escondía algo capaz de dejarlos también sin hogar.

—Yo nunca firmé esto.

Lucía examinó el documento y palideció.

—Esta firma también está falsificada.

Javier dio un paso hacia la puerta, pero Diego se interpuso.

Gabriel encendió la grabadora de su teléfono.

—Ahora vas a explicar dónde están los 4 millones y por qué hipotecaste la casa.

Javier miró a sus padres, luego a Karla. Finalmente soltó una risa amarga.

—Porque esa casa nunca debió ser de ustedes —dijo—. Y cuando sepan lo que papá hizo hace 27 años, van a entender por qué tomé lo que me correspondía.

PARTE 3

El silencio cayó sobre la sala con tanta fuerza que hasta el representante de la financiera dejó de mover sus papeles.

Don Ernesto se puso de pie con dificultad.

—No uses el pasado para justificar lo que hiciste.

—¿Cuál pasado? —preguntó Gabriel—. ¿De qué está hablando?

Javier miró a su padre con odio contenido.

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