Dentro había un documento nuevo. Nicolás debía reconocer oficialmente que Javier era la persona adecuada para gestionar los asuntos económicos de sus padres.
Parecía una formalidad familiar, pero Adrián descubrió que algunas cláusulas podían convertirse después en una prueba de consentimiento.
Nicolás cerró la carpeta.
—Lo firmamos mañana, durante la cena. Todos juntos.
Nuria frunció el ceño.
—No hace falta montar una reunión.
—Para mí sí.
—Tus padres se cansan.
—Entonces será corta.
Nicolás añadió, como si nada:
—También vendrá Adrián. Es mi abogado y revisa todo lo que firmo.
La mandíbula de Nuria se tensó.
Por primera vez, perdió durante 1 segundo aquella expresión de mujer paciente que había usado durante meses.
Más tarde, cuando Nicolás se marchaba, Javier lo alcanzó junto al garaje.
—No firmes.
Nicolás lo miró.