en las peores negociaciones de su vida: miedo a escuchar una verdad que no podría deshacer.
Adela esperaba en el salón. Cuando vio entrar a Nico, Lucas y Mateo, perdió el color. Los 3 llevaban ropa sencilla y limpia, y juntos resultaba imposible ignorar el parecido. Lucas dio un paso atrás. Mateo buscó la mano de Nico.
—Abuela, ellos son mis hermanos —dijo Nico.
Adela se tapó la boca y empezó a llorar.
Álvaro pidió a Pilar, la antigua cuidadora de la casa, que llevara a los niños al jardín. Después cerró la puerta.
Ahora vas a contármelo todo.
Adela tardó varios segundos en hablar.
Seis años atrás, durante el embarazo de Clara, el padre de Álvaro estaba gravemente enfermo y obsesionado con dejar la empresa “ordenada”. El antiguo pacto familiar repartía una parte importante del grupo entre todos los nietos biológicos. Si nacían 3, Esteban perdería el control que