Entré por la puerta trasera sin hacer ruido. La casa estaba quieta. Subí descalzo, revisé pasillo, sala, recámaras. Nada. Me sentí ridículo. Hasta que se me ocurrió esconderme debajo de mi propia cama.
Pasaron veinte minutos. Luego escuché la puerta abrirse.
Pasos ligeros subieron la escalera. Αlguien entró a mi recámara. El colchón se hundió.
Primero fue un sollozo ahogado. Luego otro. Después una voz rota dijo