Sus dedos comenzaron a temblar.
—No…
Conocía esa pulsera.
Ella había hecho una idéntica cuando tenía doce años.
Ese año, habían fabricado catorce pulseras idénticas durante una actividad de manualidades en la escuela. Cada estudiante recibió una antes de la excursión.
La excursión de la que nadie regresó.
Ella debía haber estado en aquel autobús.
Pero la noche anterior, había tenido fiebre repentinamente.
Sus catorce compañeros se marcharon sin ella.
A las 8:10 de aquella mañana, el autobús pasó junto a una gasolinera a las afueras del pueblo.
A las 8:42 desapareció.
No hubo ninguna llamada de emergencia.
No hubo marcas de frenado.
Nada.
Durante años, la persiguió el mismo pensamiento aterrador.
Debían haber sido quince niños.
—¿De dónde sacó esto? —susurró.
La mujer detrás del mostrador dejó de tararear.
—¿La pulsera?